Mi reflexión sobre el Día de los Padres

Algunos celebrarán junto a sus padres, otros realizarán una llamada de apreciación.  Otros recordarán a su padre que ya partió. Cada cuál celebrará a su manera.  Lo más probable para muchos será un día de sentimientos encontrados. En mi caso, llamaré a mi padre para hablar un rato con él.

Reflexionando, me gustaría tocar base en un tema que es importante para mí. Amo a mi padre que aún vive, gracias a Dios, pero crecí sin él.  No estuvo presente en mi vida como debió ser. La realidad es que cada vez es común las familias monoparentales (se refiere a una familia compuesta por un solo progenitor, que puede ser el padre o la madre, con uno o varios hijos a su cargo).

Aunque mi mamá hizo el esfuerzo por asumir los dos roles, fue difícil.  Cuando uno es niño, está aprendiendo a construir su mundo y poco a poco aprendiendo a sobrellevar la situación, pero la realidad es que caes en la comparación.  Sin embargo, las comparaciones lastiman y generan frustraciones ocasionando cicatrices difíciles de sanar con el tiempo. Es por eso, que se necesita a una madre fuerte.  Admiro mucho a las madres solteras porque hacen más de lo que pueden, desarrollan mucha paciencia y tolerancia y enfrentan muchos días difíciles. Ciertamente, no todos se ven afectados de la misma manera.  A pesar de todo, tuve muchos buenos momentos con mi madre durante mi infancia. Gracias a ella, soy lo que soy.

Los años han pasado y se arrastra con la realidad porque no se puede tapar el sol con un dedo, pero me convertí en una mujer con una armadura fuerte y la llevo con mucho orgullo.  Con el tiempo, se va comprendiendo el porqué de las cosas. Lo mejor es cortar el vínculo con el sufrimiento que esta ausencia pudo haberte ocasionado y sanar las heridas. Creo firmemente, en el perdón y el abrazar a tu niño interno. Esto lo aprendí a poner en práctica, hace poco.

Quien no ha vivido una experiencia similar, no entiende la intensidad y profundidad de tus heridas y tenemos que aprender a reconocer que nuestras heridas están ahí, aceptarlas, dejarlas fluir y honrarlas.  Asimismo, hay que aprender a transformar el sufrimiento en crecimiento. No es fácil, lo sé, pero hay que superar el trauma.  Una de las cosas por las que me siento orgullosa es que uno deja de crear expectativas y dejas de esperar que otros hagan cosas por ti, que se hagan cargo de nuestras necesidades. Te conviertes en alguien fuerte como roca. No permitas que los dichosos efectos devastadores se apoderen de ti.

Para finalizar, sí aplaudo y apoyo a esas madres que lo han dado todo por sus hijos y hay que perdonar a nuestros padres. No sabemos por lo que estaban pasando cuando nacimos y también fueron niños. Hay que romper el ciclo.

Gracias por leerme,

Un abrazo, Iza.

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